¿Nos estamos preparando para trabajar junto a la máquina?

Parece cada vez más claro que la automatización en el mundo del trabajo (y en el mundo en general), la digitalización de los procesos, la robotización, han llegado para quedarse.

Tenemos ejemplos en el presente, como el de Adidas, que en el próximo año ya pondrá en marcha una fábrica en la que los robots serán la principal fuerza de trabajo; o el de Amazon, con sus famosos almacenes optimizados por robots (y en los que ya aseguran estar ahorrando costes); o Foxconn, empresa aliada de Apple, que ha sustituido recientemente a la mitad de su plantilla por robots.

Además, casi a diario aparecen noticias en las que podemos ver a máquinas con habilidades y funcionalidades que hasta hace años o meses nos parecerían de ciencia ficción.

Cuando hablo de estas cosas con compañerxs de profesión o con participantes del programa de empleo en el que trabajo, la respuesta más habitual pasa por torcer el morro mostrando un evidente rechazo hacia el mundo que se imaginan, gobernado por las máquinas (influencia sin duda de un montón de películas que muestran cómo un error en el robot amenaza la supervivencia humana). Además, aparece inmediatamente una saudade por ese mundo humano que vamos a perder y un sentimiento de reivindicación de nuestras capacidades y del gusto por hacer las cosas unx mismx.

Pienso que el beneficio económico y la previsible eficiencia del nuevo sistema pueden dar al traste con estas emociones. Cuando comprobemos que el coche que se conduce solo acaba con la siniestralidad en carretera y que, además, las compañías de seguros te cobran una morterada si, nostálgicx perdidx, quieres conducir tú, pobre humano, pues veremos qué pasa con los coches que necesitan personas para moverse. Claro que quedan nostálgicxs de la máquina de escribir, del olor a tinta y del sonido de retorno del carro, pero la realidad es que la popularidad de los ordenadores ha acabado con las máquina de escribir.

Hace un tiempo leí un artículo en el que hablaban de una investigación en la que habían tratado de determinar qué áreas del cerebro se activan en la relación de las personas con sus iPhones. Anticipaban que sería una zona relacionada con la adicción, pero sorprendentemente comprobaron que no, que era la zona más relacionada con las emociones, con el amor y la compasión.

Todo va muy deprisa. Todavía recuerdo a personas cercanas casi escandalizadas y sintiendo un poco de vergüenza ajena cuando veían a alguien con un teléfono móvil por la calle. Estas mismas personas, pocos años más tarde (muy pocos) se aferraban a sus pequeños aparatitos de batería inagotable y botones físicos, ante la avalancha de enormes smartphones con conexión a internet. Ya sabemos cómo ha acabado esta historia.

A lo que voy es a que si hay un retorno económico para las empresas, si se evidencia que las máquinas, los robots, son más eficaces y baratos, se acabarán imponiendo en nuestros procesos productivos y en nuestra vida en general. 

Ante este panorama, desde los servicios de intermediación para el empleo, desde la orientación laboral, ¿qué estamos haciendo? ¿Cómo afrontamos esta previsible realidad?

Si nos centramos además en personas de empleabilidad baja, ¿qué pasos estamos dando para evitar la brecha digital? Porque también parece evidente que los primeros ámbitos de trabajo que se van a resentir por la aparición de la máquina serán aquellos más sencillos de automatizar: logística, almacén, construcción, telemarketing, … ¿qué futuro estamos contribuyendo a construir como orientadorxs para nuestros orientandxs? ¿Les estamos informando de la que tenemos por delante? ¿Estamos dando pasos para contribuir a su alfabetización digital? ¿Estamos preparando a las personas para que en un futuro mucho más cercano de lo que imaginamos puedan trabajar junto a la máquina?

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2 pensamientos en “¿Nos estamos preparando para trabajar junto a la máquina?

  1. Muy interesante artículo que plantea cuestiones sobre nuestro ejercicio profesional actual como orientadores/as.

    Sin duda, un proceso humano habitual es la “resistencia al cambio”, negativizando y condenando todo lo nuevo. En mi opinión, lo más saludable es aceptar éste (el/los cambio/s) y adaptarse a él sacando el mayor provecho. Quizás, la aplicación de máquinas en actividades menos cualificadas y repetitivas (“como apretar un tornillo”) nos permita (a las personas) dedicarnos y desarrollarnos en otros ámbitos más interesantes y satisfactorios…

    Mi recomendación: afrontar lo nuevo con optimismo, sin dejarnos paralizar por el miedo a lo desconocido. ¡Saludos y enhorabuena por el artículo!

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